Ha-Joon Chang
Desde la crisis de la deuda en 1982, muchos países liberalizaron su comercio pero
los malos resultados generales y para los países en desarrollo esperan una crisis. En 1990 se
firmaron tratados regionales importantes y se creó la Organización Mundial de Comercio
(OMC). Si bien esto no significó un acuerdo de librecambio integral, logró inclinar el orden
del comercio mundial hacia ese lado, reduciendo tarifas aduaneras y prohibiendo
subvenciones en relación al comercio.
Los partidarios del librecambio piensan que esta política produjo la riqueza de los
países desarrollados y por eso critican a los que están en vías de desarrollo y que se niegan
a adoptar tal medida. Pero se equivocan, los hechos históricos muestran otra historia: los
países hoy desarrollados nunca aplicaron las políticas de librecambio que aconsejan, por
ejemplo Gran Bretaña y EEUU. Estos países usaron políticas agresivas para proteger y
promover sus industrias estratégicas. ((Ver resumen: “Patada en la escalera” para
profundizar en los dos casos. El autor argumenta lo mismo, con mismos ejemplos)).
No sólo en estos países sino también en otros países desarrollados, cuando trataban
de superar el atraso económico frente al exterior, aplicaban derechos aduaneros,
subvenciones y otras herramientas para promover sus industrias. Estos dos países
representantes del intervencionismo estatal, usaron protecciones tarifarias. Sin embargo,
otras herramientas también fueron usadas como estrategias de desarrollo: subvención a
exportaciones, reducción de tasas aduaneras a la importación, planificación de inversiones
y mano de obra, apoyo a la investigación, etc. Los países desarrollados combinaron
herramientas de política comercial y política industrial. No existe un modelo único para el
desarrollo industrial.
Los hechos reflejan una historia diferente: el librecambio no fue tan eficaz, si no el
crecimiento económico se hubiera acelerado durante los últimos veinte años junto a la
liberalización del comercio. En los países en desarrollo, el crecimiento fue casi nulo. La
experiencia neoliberal es incapaz de cumplir la aceleración del crecimiento pero, a pesar de
esto, el dogma liberal sigue imponiéndose, gracias a las instituciones a las que influyen
formadas por el FMI, el BM y la OMC. Estas políticas, también tienen el apoyo de
intereses locales como los exportadores de productos base y sus prestatarios de servicios
profesionales.
Los acuerdos de librecambio fracasarán cuando los países pobres tomen conciencia
de que esto no facilita su desarrollo. Los acuerdos entre países con mismo nivel de
desarrollo, como el Mercosur, tienen más probabilidades de funcionar. La única forma de
que el librecambio entre países de diferente desarrollo funcionen es integrando mecanismos
de transferencia de los más ricos a los más pobres, y de mano de obra al revés. Esto es
posible si los países más pobres son pequeños y poco numerosos.
La OMC no es un acuerdo de librecambio integral, porque autoriza protecciones
para las industrias de los países en desarrollo. Pero hoy la presión para reducir tarifas es
creciente. Como hipótesis, los daños que puede causar la OMC al desarrollo de países más
pobres son mayores. Pero, además, la OMC se ocupa de la propiedad intelectual, de los
mercados oficiales y las inversiones. Por esto, esa organización plantea riesgos extra a los
países pobres, aunque las naciones que están unidas a ella la consideran un “mal menor”.
En apariencia “democrática” la OMC se ha mostrado dirigida por una oligarquía de países
ricos. Si la OMC continúa privando a los países pobres de las herramientas para que se
desarrollen, podría generar una retirada masiva de estos o que utilicen los mecanismos
democráticos para renegociar la situación. En este último caso, los países poderosos
podrían abandonar la organización. En ambos casos, se terminaría con el librecambio como
lo conocemos, teniendo en cuenta también su desempeño deplorable en los últimos años..

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